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Acabo de
regresar de un viaje por el Sahara Occidental, y he descubierto que
detrás de la problemática política y social de esa región se esconde otra
vertiente mucho más humana: la de una buena parte de sus habitantes que
no entiende el olvido cultural a que se ven sometidos por nuestros
gobernantes. Nacieron y crecieron en una colonia española, trabajaron
para y con los españoles; estudiaron y se formaron en español; degustaron
nuestra cultura y muestran orgullosos los diplomas de estudios expedidos
por el Ministerio de Educación de la época; leen con ansia números
atrasados de revistas y periódicos en castellano que los viajeros
ocasionales les hacen llegar; y diariamente, a través de la radio o la
televisión, escuchan noticias del país del que un día formaron parte.
Anhelaban la libertad y
la siguen deseando, aunque hoy sean menos libres que nunca. Son saharauis
y les complace serlo; tienen una cultura y una lengua , el hasanía,
propias; pero añoran calladamente a quién, como una madre
desnaturalizada, un día les abandonó. Saben que, como adultos, deben
seguir solos su camino; pero el cariño a una madre no se olvida jamás. No
hay reproche en sus palabras, en sus gestos; aunque se adivine en su
mirada.
Creo que es deber de
todos el ayudar y apoyar, también culturalmente, a este pueblo.
J. Almirall.
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