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Hombres de mirada recta, a veces hiriente,
de jabia al cinto, de mejilla deforme por mascar qat. Hombres que lo son, o que creen que
lo son.
Las mujeres solo sombras, sombras sifusas que se desvanecen. |
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Ojos que rechazan la mirada.
Manos que cubren rostros ya ocultos. Sombras, sombras que van y
vienen, pero que también sienten. |
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En el interior de la mezquita, a cubierto de
miradas ajenas, rinden culto al creador.
En el exterior, como única concesión a la modernidad, los altavoces amplifican la
voz del almuecín.
Sus letanías suenan, a la hora prefijada, de un extremo a otro del país. |
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