- Día 1º
- Poco antes de las 7 de la mañana
nos reunimos en el área de servicio de la autopista, cerca de Vilafranca. El Lada que
conduce David, viene desde Barcelona, donde ha recogido a Marcel y Lalo. Yo llego con mi
Lada desde Igualada, donde Paco y yo, que salimos de Esparreguera, hemos recogido a Luis.

- Nos quedan largas horas de
conducción, así que tras un café aguado seguimos ruta, que tan solo interrumpimos para
repostar gasolina en los siempre sedientos ladas. Casi a mediodía comemos en un bar de
carretera saliendo de Valencia, sin más problemas que un pinchazo que destroza la rueda
de uno de los coches y la rotura de la llave de contacto del otro llegamos a
Almería anocheciendo. En una gran superficie comercial solventamos el problema de la
llave. Para amenizar la espera cenamos parking del puerto, y tras cambiar nuestros
billetes por las tarjetas de embarque, subimos puntualmente al barco minutos antes de las
23:30. Dejamos el equipaje en los camarotes y salimos de exploración por cubierta. Sin duda este barco, el Ciudad de Palma, conoció
de mejores tiempos en su conservación.
- Encerrado en el diminuto reducto
del camarotes, mecido por el incesante balanceo, no puedo dejar de pensar en que si se
hundiera no habría quien saliera de aquí.
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- Día 2º
- El despertador del teléfono
móvil suena puntual una hora antes de la llegada a puerto. Tiempo para ducharnos en el
nicho vertical y para un breve desayuno de cortado y magdalena en el bar.
El doble en la vida real del sargento
Arensivia, pero con galones de cabo 1º, nomeolvides de plata y crucifico al cuello
saborea una cerveza presintiendo la cercanía de su hogar.
- Descendemos del barco y cruzamos
la ciudad en dirección a la frontera, deteniéndonos a repostar gasolina a 90 Ptas./l .
- El caos de la frontera tan solo
está paliado por la poca afluencia de viajeros, todos marroquíes salvo nosotros. Esquivamos a los listos de turno que nos ofrecen, a
cambio de un pequeño regalo colarnos y agilizar los trámites y conseguimos
los impresos a rellenar para la entrada al país. Cumplimentamos los datos y con toda la
paciencia del mundo, bajo un sol de justicia, esperamos a que el siempre atareado
funcionario se digne atendernos, distrayendo nuestra mente imaginando mil desgracias que
desearle a ese semidiós de corbata grasienta.
- También ayuda a amenizar la
espera el contemplar el incesante trasiego de bultos y personas que eluden la frontera a
tan solo unos metros bajo la mirada cómplice de los policías.
- Un par de horas después, con el
preciado sello de entrada en el pasaporte nos disponemos a pasar el control de los
vehículos. El problema surge cuando me dicen
que no puedo entrar mi coche porqué ya está dentro del país. De nada sirve la evidencia de que tal cosa es
imposible. Es funcionario de turno tiene una prueba irrefutable en la pantalla de su
ordenador en la que consta la entrada del vehículo en
diciembre de 1999, pero no la salida. Por suerte guardé el documento que acreditaba la
salida. Sin embargo el hábil funcionario seguía en sus trece. Si me permitía la entrada
constarían dos coches con la misma matrícula en el ordenador ¿ ?
- La explicación al desaguisado es
sencilla; en la frontera de Ceuta raramente utilizan el ordenador, tan solo anotan la
salida en un libro de registro y sellan la hoja de salida.
- No se si quedó muy convencido
pero el caso es que nos permitió la entrada.
- Seguimos unos kilómetros hasta
Nador, y en el primer banco que encontramos cambiamos moneda a poco menos de 17,5 PTA. por
DH. También aprovecho para comprar una tarjeta Jawal de
250 DH para el teléfono móvil. El uso del número español sale demasiado caro.
- Tomamos la carretera hacia Fes, y
nos detenemos media hora después junto a una arboleda de eucaliptos para comer un poco.
- Nos planteamos seguir por esta
carretera hasta Guercif y allí tomar una ruta secundaria hacia el sur. Nos detenemos en
medio de la ciudad ante un tranquilo bar que ya conocemos de otro viaje y degustamos un
exquisito te a 3 DH el vaso. Retrocedemos después un Km. hasta alcanzar el desvío que
hemos dejado atrás y enfilamos la carretera de una anchura de apenas 3 metros de asfalto
en buen estado, flanqueado por sendos arcenes pedregosos.
- Divierte y angustia a la vez
circular por este tipo de carreteras. Al principio me aparto al arcén en cuanto se
aproxima un vehículo en dirección contraria, pero conforme
avanzan los kilómetros cada vez espero un poco más, hasta que al final consigo que
algunas veces sean los otros quienes se aparten. Más adelante abandono el peligroso juego
y continuo apartándome yo.
- La carretera discurre a través
de 250 kilómetros entre Guercif y Midelt por una llanura pedregosa flanqueada al Oeste por la cordillera del Medio Atlas que ofrece a la
vista algunos de sus picos blanqueados por la nieve.
- Algunos rebaños de cabras y
esporádicos grupos de camellos salpican el agreste paisaje y nos sirven de excusa para
hacer una pausa en el camino.
Con otro té en Missour y unas pastas compradas en una
tienda próxima reponemos fuerzas para continuar. El sol próximo al horizonte hiere los
ojos y dificulta la visión. Otra parada en Ksabi para estirar las piernas y hacer alguna
fotografía al pozo y al río.
- Alcanzamos la carretera que une
Fes con Er Rachidia, y seguimos hacia el sur, hasta que en las cercanía de Rich cae la
noche.
- Entramos en la pequeña ciudad y
localizamos un hotel, el Isli, cerca de la
parada de autobús. Un simpático vigilante de chaqueta raída y rostro ajado nos cuidará
los coches durante la noche a 10 DH unidad. Sin duda es una ciudad de paso, acostumbrada a
la parada de turistas. Cenamos en un
restaurante cercano una sabrosa harira y pollo, que por el aspecto debió ser cocinado en
épocas pasadas. Tras el enésimo té y una cerveza compartida, que mejor olvidar lo que
costó, nos vamos a dormir.
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- Día 3º
- Me desvelo temprano, apenas
amanecido y despierto al encargado del hotel para que me abra la puerta. Paseo por las
solitarias calles mientras los tibios rayos del sol empiezan a acariciar los muros de
adobe y los tenderos abren sus covachas. Saludo al guardián de los coches que sonríe
contento de que no lo haya sorprendido durmiendo. Después del desayuno compramos unas pastas, pan y agua embotellada en
las tiendas próximas y seguimos ruta hacia el
sur.
- Poco después tomamos una
pequeña pista, apenas visible, por la que vadeamos el río Ziz y nos detenemos a
contemplar un grupo de unas quince cigüeñas que comían tranquilamente hasta nuestra
llegada.
- De nuevo en la carretera, una
breve parada a la altura de Ifri para fotografiar el pueblo y el palmeral desde la
carretera, y sufrimos los primeros ataques de los donemuas enanos, en su
variedad bombón.
- En Er Rachidia nos desviamos
hacia el Sureste y después de una parada para
desentumecer los músculos y contemplar el
palmeral del Ziz en el fondo de un barranco excavado en el pedregal llegamos a
Erfoud.
- Casi llegamos a las manos con un
par de desagradables amigos que
tan solo se libran porqué en el fondo somos demasiado buenos
- En el centro de la ciudad tomaos
el desvío sin señalizar hacia el sur encaminándoos al Erg Chebbi, en Merzouga.

- La pista, asfaltada al principio, deriva pronto en multitud de pistas secundarias que
prosiguen en paralelo o se entrecruzan entre
si a través de la inmensa llanura de suelo renegrido que levanta una densa columna de
polvo tras los coches.
- Al igual que en Europa se decía
que todos los caminos conducen a Roma, en el Erg Chebbi todos los caminos conducen a las
dunas.
- Avistamos las primeras dunas de
arena rojiza al sureste, destacando sobre la llanura oscura. En su base los albergues
construidos con mayor o menor acierto en su arquitectura, estropean el paisaje natural.
- Nos detenemos para hacer algunas
fotos panorámicas de la arena y comprobamos con pesar que a uno de los coches no le
funciona el motor de arranque. Después de llenarnos las manos de grasa constatamos que la
avería no es grave: uno de los cables que alimenta eléctricamente el motor de arranque
se ha soltado, pero somos incapaces de encontrar el lugar donde estaba conectado. Esta
noche habrá que desmontar la pieza.
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