logo.gif (540 bytes)Marruecos 2001
 
Día 1º
Poco antes de las 7 de la mañana nos reunimos en el área de servicio de la autopista, cerca de Vilafranca. El Lada que conduce David, viene desde Barcelona, donde ha recogido a Marcel y Lalo. Yo llego con mi Lada desde Igualada, donde Paco y yo, que salimos de Esparreguera, hemos recogido a Luis.stop
Nos quedan largas horas de conducción, así que tras un café aguado seguimos ruta, que tan solo interrumpimos para repostar gasolina en los siempre sedientos ladas. Casi a mediodía comemos en un bar de carretera saliendo de Valencia, sin más problemas que un pinchazo que destroza la rueda de uno de los coches y la rotura de la llave de contacto del otro  llegamos a Almería anocheciendo. En una gran superficie comercial solventamos el problema de la llave. Para amenizar la espera cenamos parking del puerto, y tras cambiar nuestros billetes por las tarjetas de embarque, subimos puntualmente al barco minutos antes de las 23:30. Dejamos el equipaje en los camarotes y salimos de exploración por cubierta. Sin duda este barco, el Ciudad de Palma, conoció de mejores tiempos en su conservación.
Encerrado en el diminuto reducto del camarotes, mecido por el incesante balanceo, no puedo dejar de pensar en que si se hundiera no habría quien saliera de aquí.
 
Día 2º
El despertador del teléfono móvil suena puntual una hora antes de la llegada a puerto. Tiempo para ducharnos en el nicho vertical y para un breve desayuno de cortado y magdalena en el bar. homeEl doble en la vida real del “sargento Arensivia”, pero con galones de cabo 1º, nomeolvides de plata y crucifico al cuello saborea una cerveza presintiendo la cercanía de su hogar.
Descendemos del barco y cruzamos la ciudad en dirección a la frontera, deteniéndonos a repostar gasolina a 90 Ptas./l .
El caos de la frontera tan solo está paliado por la poca afluencia de viajeros, todos marroquíes salvo nosotros. Esquivamos a los listos de turno que nos ofrecen, a cambio de “un pequeño regalo” colarnos y agilizar los trámites y conseguimos los impresos a rellenar para la entrada al país. Cumplimentamos los datos y con toda la paciencia del mundo, bajo un sol de justicia, esperamos a que el siempre atareado funcionario se digne atendernos, distrayendo nuestra mente imaginando mil desgracias que desearle a ese semidiós de corbata grasienta.
También ayuda a amenizar la espera el contemplar el incesante trasiego de bultos y personas que eluden la frontera a tan solo unos metros bajo la mirada cómplice de los policías.
Un par de horas después, con el preciado sello de entrada en el pasaporte nos disponemos a pasar el control de los vehículos. El problema surge cuando me dicen que no puedo entrar mi coche porqué ya está dentro del país. De nada sirve la evidencia de que tal cosa es imposible. Es funcionario de turno tiene una prueba irrefutable en la pantalla de supastor ordenador en la que consta la entrada del vehículo en diciembre de 1999, pero no la salida. Por suerte guardé el documento que acreditaba la salida. Sin embargo el hábil funcionario seguía en sus trece. Si me permitía la entrada constarían dos coches con la misma matrícula en el ordenador ¿ ?
La explicación al desaguisado es sencilla; en la frontera de Ceuta raramente utilizan el ordenador, tan solo anotan la salida en un libro de registro y sellan la hoja de salida.
No se si quedó muy convencido pero el caso es que nos permitió la entrada.
Seguimos unos kilómetros hasta Nador, y en el primer banco que encontramos cambiamos moneda a poco menos de 17,5 PTA. por DH. También aprovecho para comprar una tarjeta Jawal de 250 DH para el teléfono móvil. El uso del número español sale demasiado caro.
Tomamos la carretera hacia Fes, y nos detenemos media hora después junto a una arboleda de eucaliptos para comer un poco.
Nos planteamos seguir por esta carretera hasta Guercif y allí tomar una ruta secundaria hacia el sur. Nos detenemos en medio de la ciudad ante un tranquilo bar que ya conocemos de otro viaje y degustamos un exquisito te a 3 DH el vaso. Retrocedemos después un Km. hasta alcanzar el desvío que hemos dejado atrás y enfilamos la carretera de una anchura de apenas 3 metros de asfalto en buen estado, flanqueado por sendos arcenes pedregosos.
Divierte y angustia a la vez circular por este tipo de carreteras. Al principio me aparto al arcén en cuanto se aproxima un vehículo en dirección contraria, pero conforme avanzan los kilómetros cada vez espero un poco más, hasta que al final consigo que algunas veces sean los otros quienes se aparten. Más adelante abandono el peligroso juego y continuo apartándome yo.
La carretera discurre a través de 250 kilómetros entre Guercif y Midelt por una llanura pedregosa flanqueada al Oeste por la cordillera del Medio Atlas que ofrece a la vista algunos de sus picos blanqueados por la nieve.
Algunos rebaños de cabras y esporádicos grupos de camellos salpican el agreste paisaje y nos sirven de excusa para hacer una pausa en el camino.  torreCon otro té en Missour y unas pastas compradas en una tienda próxima reponemos fuerzas para continuar. El sol próximo al horizonte hiere los ojos y dificulta la visión. Otra parada en Ksabi para estirar las piernas y hacer alguna fotografía al pozo y al río.
Alcanzamos la carretera que une Fes con Er Rachidia, y seguimos hacia el sur, hasta que en las cercanía de Rich cae la noche.
Entramos en la pequeña ciudad y localizamos un hotel, el Isli, cerca de la parada de autobús. Un simpático vigilante de chaqueta raída y rostro ajado nos cuidará los coches durante la noche a 10 DH unidad. Sin duda es una ciudad de paso, acostumbrada a la parada de turistas. Cenamos en un restaurante cercano una sabrosa harira y pollo, que por el aspecto debió ser cocinado en épocas pasadas. Tras el enésimo té y una cerveza compartida, que mejor olvidar lo que costó, nos vamos a dormir.
 
Día 3º
Me desvelo temprano, apenas amanecido y despierto al encargado del hotel para que me abra la puerta. Paseo por las solitarias calles mientras los tibios rayos del sol empiezan a acariciar los muros de adobe y los tenderos abren sus covachas. Saludo al guardián de los coches que sonríe contento de que no lo haya sorprendido durmiendo. Después del desayuno compramos unas pastas, pan y agua embotellada en las tiendas próximas y seguimos ruta hacia el sur.
Poco después tomamos una pequeña pista, apenas visible, por la que vadeamos el río Ziz y nos detenemos a contemplar un grupo de unas quince cigüeñas que comían tranquilamente hasta nuestra llegada.
De nuevo en la carretera, una breve parada a la altura de Ifri para fotografiar el pueblo y el palmeral desde la carretera, y sufrimos los primeros ataques de los “donemuas” enanos, en su variedad “bombón”.
En Er Rachidia nos desviamos hacia el Sureste y después de una parada para desentumecer los músculos y contemplar el palmeral del Ziz en el fondo de un barranco excavado en el pedregal llegamos a Erfoud. 
Casi llegamos a las manos con un par de desagradables “amigos” que tan solo se libran porqué en el fondo somos demasiado buenos
En el centro de la ciudad tomaos el desvío sin señalizar hacia el sur encaminándoos al Erg Chebbi, en Merzouga.oasi
La pista, asfaltada al principio, deriva pronto en multitud de pistas secundarias que prosiguen en paralelo o se entrecruzan entre si a través de la inmensa llanura de suelo renegrido que levanta una densa columna de polvo tras los coches.
Al igual que en Europa se decía que todos los caminos conducen a Roma, en el Erg Chebbi todos los caminos conducen a las dunas.
Avistamos las primeras dunas de arena rojiza al sureste, destacando sobre la llanura oscura. En su base los albergues construidos con mayor o menor acierto en su arquitectura, estropean el paisaje natural.
Nos detenemos para hacer algunas fotos panorámicas de la arena y comprobamos con pesar que a uno de los coches no le funciona el motor de arranque. Después de llenarnos las manos de grasa constatamos que la avería no es grave: uno de los cables que alimenta eléctricamente el motor de arranque se ha soltado, pero somos incapaces de encontrar el lugar donde estaba conectado. Esta noche habrá que desmontar la pieza.

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Jaume Almirall

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