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Dia 1º:
Tomamos el avión de
Air Marroc en Barcelona, hasta Casablanca,
y tras poco más de
una hora de espera en ese aeropuerto,
otro más hasta
Agadir.
Llegamos al hotel
pasada la medianoche, pero no había quien durmiera a Naia. No paraba de
hablar, hablar y hablar.
Dia 2º.
Después de
desayunar, mientras Conchi y Naia estaban en la playa, fui a localizar
un coche de alquiler.
Una vez conseguido
un Renault Clio no demasiado caro, me uní con ellas en la playa.
Después de comer, cogimos el coche y nos dirigimos a la primera
“exploración” que tenía prevista: Imouzer, situado a unos 80 kms al
norte de Agadir.
La carretera
discurre en parte por un valle, bordeando un riachuelo, para ascender
luego hacia las montañas. Paisajes de montaña expléndidos
Hace
calor, así que casi no paramos hasta llegar al pueblo, donde nos tomamos
un helado esperando a que el sol deje de “apretar”. Naia ha dormido todo
el camino, así que el trayecto se le ha hecho breve.
Nos demoramos en una explanada utilizada como aparcamiento de asnos y a
partir de ahí, de regreso, nos detenemos un sinfín de veces. Allí donde
hay un asno, allí quiere parar la niña, y siempre aparece alguien amable
dispuesto a subirla encima.
También en el río
encontramos entretenimiento buscando piedras y mirando los pequeños
peces y los caracoles.
Llegamos a Agadir al
anochecer. Dejamos el coche y localizamos en el paseo marítimo un lugar
donde por menos de 5 euros, incluidas las bebidas, nos comemos unos
pinchos con patatas fritas y ensalada.
Dia 3º.
Hoy toca explorar la
ciudad de Agadir.
Mañana de playa y
piscina, comida y siesta.

A media tarde
dejamos el hotel y visitamos el Valle de los Pájaros, una especie de zoo
con periquitos, patos y otras aves, donde pasar un par de horas
entretenidas.
Después vamos al
paseo marítimo contemplando a la multitud y diversidad de gentes que
pasean. Todo llama la atención a Naia: los vestidos, las voces, la
música...
Acabamos la tarde en
la feria. Naia se monta en los coches eléctricos, en las gomas
trampolín, en los carros a pedales...
Repetimos cena en el
mismo local que ayer.
Día 4º.
Después de desayunar
tomamos la carretera en dirección a Taroudant, pequeña ciudad situada a
menos de 100 kms de Agadir.
Parte de la
carretera discurre por una llanura salpicada de campos de arganes, con
los fotogénicos rebaños de cabras subidas entre sus ramas.
En la ciudad tomamos uno de los carros de caballos, con el que rodeamos
los 7 kilómetros de muralla.
Naia se sienta en el pescante con el cochero, y éste le cede las riendas
del caballo. Nos olvidamos de la niña durante todo el recorrido.
Hacemos diversas paradas en lugares “de foto”, y finalmente nos
despedimos del carruaje en la medina, por la que deambulamos un rato,
hasta que obligados por el calor buscamos refugio en un mercado sobreado
abarrotado de olores y colores. Más tarde, en la terraza de un
restaurante, engullimos un más que suficiente cuscus con pollo, mientras
contemplamos el ir y venir de las gentes. Tras la comida tomamos de
nuevo la carretera hacia el oasis de Tioute, situado a menos de 20 kms
de Taroudant.
La estrecha
carretera sigue una trayectoria rectilínea que cruza una llanura árida y
pedregosa.
En un cruce de
caminos, junto a un pozo, un rebaño de dos docenas de camellos descansan
a la sombra. Sus tres pasotres se refrescan en el pozo, sin que tengan
inconveniente en que contemplemos los animales hasta cansarnos.

Dejamos los camellos
y llegamos enseguida a Tioute, cruzamos el pueblo, y dejando el
“castillo” a la izquierda, en lo alto de la colina, aparcamos el coche y
nos refrescamos los pies en una acequia que cruza el recinto del bar que
hay en el palmeral.
Al salir, alquilamos
unos asnos, a lomos de los cuales Conchi y Naia recorren el palmeral,
mientras yo prefiero hacerlo caminando.
Acabando la tarde
regresamos hacia Agadir, deteniéndonos brevemente junto a otro grupo de
camellos que esquilma las hojas de un campo de arganes.
Día 5º.
Pasamos la mañana en
la playa, comemos temprano y tomamos la carretera hacia el sur.
En menos de 2 horas
estamos en Tiznit. Recorremos la medina amurallada y paseamos por el
mercado. Cuando nos cansamos de hacer fotos, cogemos de nuevo el coche
para ir hasta el pequeño pueblo costero de Aglou, a poco más de 10 kms.
Bajamos hasta la
larga y estrecha playa, repleta de gentes paseando. Naia corre arriba y
abajo intentando evitar las olas, pero... sin conseguirlo.
Un joves avispado
recorre la playa a lomos de un camello enorme en busca de quien quiera
darse un paseo con el animal. Naia sube encantada, y el joven hace
galopar el camello por el agua de la playa poco profunda durante un buen
rato.
Dejamos Aglou y
tomamos una pista que bordea el mar por un paisaje agreste. Recogemos a
un joven autoestopista hasta su destino, y ya anocheciendo regresamos
hacia Agadir.
Día
6º.
Después del desayuno
tomamos la carretera que, bordeando la costa, se dirige a Essaouira, al
norte.
Nos detenemos con
frecuencia para contemplar pequeñas playas, acantilados o calas.
Seguimos así camino hasta la altura del Cabo Rich, donde damos la
vuelta, haciendo lo mismo que a la ida.
Paramos a la hora de comer en un pequeño restaurante de carretera en el
que comemos un estupendo tajín de pescado.
Continuamos luego
hasta Agadir, donde pasamos el resto de la tarde entre la playa y el
paseo marítimo.
Por la noche
entregamos el coche de alquiler.
Dia 7º,
Antes de que el sol
caliente demasiado tomamos un taxi pequeño hasta la parada de taxis
grandes.
Desde
allí, con un taxi comunitario nos acercamos hasta una ciudad vecina que
cuenta con el mercado más importante de la región. Pasamos toda la
mañana deambulando entre los puestos, dejando que los colores, olores y
sonidos nos saturen los sentidos.
Regresamos luego a
Agadir para pasar el resto de la tarde otra vez en la playa y en la zona
comercial más tarde.
Dia 8º
A casa.
Ha pasado ya más de un mes desde que acabamos las
vacaciones, y notamos en Naia pequeños cambios. Ha crecido como persona:
se preocupa de no malgastar agua porqué ha visto que en algunos lugares
es un bien escaso; comparte sus juguetes preferidos porqué sabe que hay
niños que no los tienen; no se aparta de los aparentemente distintos,
porqué aunque solo por una semana, ella también fue distinta.
Feliz camino a todos
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