con niños

MARRUECOS. Agosto de 2005.

 

Esta página es una invitación. Una invitación a viajar con nuestros hijos, a perderle el miedo.

Marruecos puede ser un primer paso. Hoy en un hotel de Agadir y el próximo año compartiendo acampada con los pastores nómadas de la meseta de Rekkam.

 

No va a ser este un viaje de los que estoy acostumbrado; de dormir donde se tercie, de comer cuando se pueda, de largas jornadas por pistas polvorientas...

Será, espero, una inversión de futuro; un muro contra el racismo y la intolerancia; un primer paso que descubra a Naia, nuestra hija de 5 años, que hay otras gentes, que tal vez parezcan distintas, pero que sienten, ríen y lloran como cualquier otro.

 

Yo suelo visitar Marruecos casi cada año, con algunos amigos en 4x4. Conchi, mi mujer, no iba desde hacia 10 años y para Naia, será su primera vez.

 

Pese a que hubiéramos preferido hacer el viaje con nuestro coche, no queríamos que en el primer contacto de Naia con los viajes se quedara con el recuerdo de largas horas encajonada en el vehículo, así que reservamos en la agencia de viaje una semana a media pensión en un hotel de Agadir a pie de playa.


Dia 1º:

Tomamos el avión de Air Marroc en Barcelona, hasta Casablanca, y tras poco más de una hora de espera en ese aeropuerto, otro más hasta Agadir.

Llegamos al hotel pasada la medianoche, pero no había quien durmiera a Naia. No paraba de hablar, hablar y hablar. 

Dia 2º.

Después de desayunar, mientras Conchi y Naia estaban en la playa, fui a localizar un coche de alquiler.

Una vez conseguido un Renault Clio no demasiado caro,  me uní con ellas en la playa.

 

Después de comer, cogimos el coche y nos dirigimos a la primera “exploración” que tenía prevista: Imouzer, situado a unos 80 kms al norte de Agadir.

La carretera discurre en parte por un valle, bordeando un riachuelo, para ascender luego hacia las montañas. Paisajes de montaña expléndidos

Hace calor, así que casi no paramos hasta llegar al pueblo, donde nos tomamos un helado esperando a que el sol deje de “apretar”. Naia ha dormido todo el camino, así que el trayecto se le ha hecho breve.

Nos demoramos en una explanada utilizada como aparcamiento de asnos y a partir de ahí, de regreso, nos detenemos un sinfín de veces. Allí donde hay un asno, allí quiere parar la niña, y siempre aparece alguien amable dispuesto a subirla encima.

También en el río encontramos entretenimiento buscando piedras y mirando los pequeños peces y los caracoles.

Llegamos a Agadir al anochecer. Dejamos el coche y localizamos en el paseo marítimo un lugar donde por menos de 5 euros, incluidas las bebidas, nos comemos unos pinchos con patatas fritas y ensalada.

 

Dia 3º.

Hoy toca explorar la ciudad de Agadir.

Mañana de playa y piscina, comida y siesta.

A media tarde dejamos el hotel y visitamos el Valle de los Pájaros, una especie de zoo con periquitos, patos y otras aves, donde pasar un par de horas entretenidas.

Después vamos al paseo marítimo contemplando a la multitud y diversidad de gentes que pasean. Todo llama la atención a Naia: los vestidos, las voces, la música...

Acabamos la tarde en la feria. Naia se monta en los coches eléctricos, en las gomas trampolín, en los carros a pedales...

Repetimos cena en el mismo local que ayer.

 

Día 4º.

Después de desayunar tomamos la carretera en dirección a Taroudant, pequeña ciudad situada a menos de 100 kms de Agadir.

Parte de la carretera discurre por una llanura salpicada de campos de arganes, con los fotogénicos rebaños de cabras subidas entre sus ramas.

 

En la ciudad tomamos uno de los carros de caballos, con el que rodeamos los 7 kilómetros de muralla. Naia se sienta en el pescante con el cochero, y éste le cede las riendas del caballo. Nos olvidamos de la niña durante todo el recorrido.

 

Hacemos diversas paradas en lugares “de foto”, y finalmente nos despedimos del carruaje en la medina, por la que deambulamos un rato, hasta que obligados por el calor buscamos refugio en un mercado sobreado abarrotado de olores y colores. Más tarde, en la terraza de un restaurante, engullimos un más que suficiente cuscus con pollo, mientras contemplamos el ir y venir de las gentes. Tras la comida tomamos de nuevo la carretera hacia el oasis de Tioute, situado a menos de 20 kms de Taroudant.

La estrecha carretera sigue una trayectoria rectilínea que cruza una llanura árida y pedregosa.

En un cruce de caminos, junto a un pozo, un rebaño de dos docenas de camellos descansan a la sombra. Sus tres pasotres se refrescan en el pozo, sin que tengan inconveniente en que contemplemos los animales hasta cansarnos.

Dejamos los camellos y llegamos enseguida a Tioute, cruzamos el pueblo, y dejando el “castillo” a la izquierda, en lo alto de la colina, aparcamos el coche y nos refrescamos los pies en una acequia que cruza el recinto del bar que hay en el palmeral.

Al salir, alquilamos unos asnos, a lomos de los cuales Conchi y Naia recorren el palmeral, mientras yo prefiero hacerlo  caminando.

Acabando la tarde regresamos hacia Agadir, deteniéndonos brevemente junto a otro grupo de camellos que esquilma las hojas de un campo de arganes.

 

 

Día 5º.

Pasamos la mañana en la playa, comemos temprano y tomamos la carretera hacia el sur.

En menos de 2 horas estamos en Tiznit. Recorremos la medina amurallada y paseamos por el mercado. Cuando nos cansamos de hacer fotos, cogemos de nuevo el coche para ir hasta el pequeño pueblo costero de Aglou, a poco más de 10 kms.

Bajamos hasta la larga y estrecha  playa, repleta de gentes paseando. Naia corre arriba y abajo intentando  evitar las olas, pero... sin conseguirlo.

Un joves avispado recorre la playa a lomos de un camello enorme en busca de quien quiera darse un paseo con el animal. Naia sube encantada, y el joven hace galopar el camello por el agua de la playa poco profunda durante un buen rato.

Dejamos Aglou y tomamos una pista que bordea el mar por un paisaje agreste. Recogemos a un joven autoestopista hasta su destino, y ya anocheciendo regresamos hacia Agadir.

 

 

Día 6º.

Después del desayuno tomamos la carretera que, bordeando la costa, se dirige a Essaouira, al norte.

Nos detenemos con frecuencia para contemplar pequeñas playas, acantilados o calas. Seguimos así camino hasta la altura del Cabo Rich, donde damos la vuelta, haciendo lo mismo que a la ida.

 

Paramos a la hora de comer en un pequeño restaurante de carretera en el que comemos un estupendo tajín de pescado.

Continuamos luego hasta Agadir, donde pasamos el resto de la tarde entre la playa y el paseo marítimo.

Por la noche entregamos el coche de alquiler.

 

Dia 7º,

Antes de que el sol caliente demasiado tomamos un taxi pequeño hasta la parada de taxis grandes.

 

 Desde allí, con un taxi comunitario nos acercamos hasta una ciudad vecina que cuenta con el mercado más importante de la región. Pasamos toda la mañana deambulando entre los puestos, dejando que los colores, olores y sonidos nos saturen los sentidos.

Regresamos luego a Agadir para pasar el resto de la tarde otra vez en la playa y en la zona comercial más tarde.

 

Dia 8º

A casa.

 


Ha pasado ya más de un mes desde que acabamos las vacaciones, y notamos en Naia pequeños cambios. Ha crecido como persona: se preocupa de no malgastar agua porqué ha visto que en algunos lugares es un bien escaso; comparte sus juguetes preferidos porqué sabe que hay niños que no los tienen; no se aparta de los aparentemente distintos, porqué aunque solo por una semana, ella también fue distinta.

Feliz camino a todos