.Día 0.
Dedicamos las dos semanas previas al viaje a dar los últimos toques
a la vieja furgoneta Mercedes, y a conseguir el material que nos falta. Abrimos dos
ventanillas laterales, instalamos un asiento y unos somieres con sus
correspondientes colchones, un radio cassette con sus altavoces y un par de luces.
Distribuimos el interior con el lema de una cosa en cada sitio y un sitio para cada cosa.
Los bidones de gasoil, los de agua potable, el de agua para la ducha, las cajas de comida
y utensilios de cocina, las palas, los cables, las tiendas de campaña.
En la baca ponemos las planchas para la arena y las ruedas de
recambio.
Un montón de adhesivos en la furgoneta dan el último toque a
la decoración.
Día 1º. Esparreguera Algeciras. 1000 kms.
Judith, Luís y yo salimos a media tarde de las proximidades
de Barcelona hacia Valencia, donde recogemos a Antonio. Continuamos viaje, alternándonos
en la conducción, y sin más paradas que las imprescindibles, hasta Algeciras,
donde llegamos a la mañana siguiente.
Día 2º. Algeciras - Larache. 200
kms.
El día amanece lluvioso, y un par de incidentes: atropellamos
un perro y nos quedamos sin gasoil; no nos hacen presagiar nada bueno. Es casi mediodía
cuando cruzamos el estrecho, y ya en Ceuta llenamos los bidones de gasoil y
cambiamos algo de moneda marroquí. Aprovechamos para saludar a un conocido nuestro y,
después de los trámites fronterizos, seguimos la ruta hacia Larache, donde dejamos
a un par de bomberos autoestopistas que hemos recogido en el camino. Compramos unos huevos y acampamos en un bosque cercano a la ciudad.
Día 3º. Larache - Xixaouen. 600 kms.
Nuevo día de ruta. Nuestro interés está en avanzar lo más
rápidamente posible hasta llegar a Dakhla, después tendremos tiempo ya de relajarnos. En
uno de los pueblos en que paramos observo el rezo de mediodía en la calle: la mujer cede
al marido su pañuelo de cabeza para utilizarlo como alfombra. Los limpiabotas pululan por
doquier. El suelo embarrado les asegura el trabajo. Anochece cuando llegamos a Marrakech.
Dormimos en una meseta pedregosa situada a unos 60 km. de la ciudad roja. Hace un frío
que pela.
Día 4º. Xixaouen- TanTan. 500 kms.
Otro día y otra paliza de coche. El paisaje ha ido cambiando
paulatinamente a medida que avanzamos hacia el sur. Después de Agadir se transforma en
una inmensa llanura casi desierta. Atravesamos una pequeña cordillera que rompe la
monotonía del paisaje, y nos damos una buena carrera tras unos niños que nos han
apedreado la furgo. No debía gustarles el color. Ya en TanTan compramos unos
filetes de carne de camello que nos preparamos en una fogata junto a la playa. O la carne
era del patriarca de los camellos o nos estamos comiendo un tronco.
Día 5º. TanTan - Boujdour. 500 kms.
Continuamos hacia el sur, bordeando el mar. A la derecha, a apenas
10 metros de la carretera, acantilados verticales. A la izquierda el inmenso erial
que se extiende hasta donde alcanza la vista. Algunas, pocas, cabañas de pescadores
salpican el paisaje costero y los barcos encallados en la arena rompen la línea
horizontal del océano. Rebaños de dromedarios dan la nota de vida al desierto. Mediada
la tarde llegamos a El Aaiún. Hacemos algunas compras y seguimos hasta que
anochece.
Día 6º. Boujdour- Dakhla. 300 kms.
Amanece mientras desayunamos. Después de superar varios controles
de militares marroquíes, al mediodía, llegamos a Dakhla, la antigua
Villacisneros española, situada en una península y azotada por todos los vientos, ubicada en el
corazón de lo que algún día será la República Arabe Saharaui Democrática.
Después de comer nos dirigimos al camping situado en la entrada de la ciudad. Un baño en
las frías aguas atlánticas nos devuelve el vigor perdido en estos días de ruta.
Dedicamos el resto de la tarde a dar un repaso a la furgoneta para afrontar el desierto
con unas mínimas posibilidades.
Día 7º. Dakhla.
El día amanece con tormenta de arena, lo que da aspecto difuso y
desenfocado a los objetos. Dedicamos la mañana a cumplimentar los trámites burocráticos
para poder viajar en el convoy que saldrá mañana. Un permiso en un edificio, otro en el
otro extremo de la ciudad y otro más aún más lejos. Por la tarde los últimos toques a
la furgo, mientras esperamos la hora de cenar. Hemos quedado con una familia saharaui
amiga de Luís. Prolongamos la velada hasta muy tarde. |