| Día 8º. Dakhla - Guerguerate. 400
kms. Pasada media mañana salimos hacia el sur. La serpiente motorizada está compuesta por unos 40 vehículos, incluyendo los militares que nos escoltan. Nos han revisado los
vehículos a fondo en busca de armas y nos han retirado los pasaportes. En el convoy hay
un poco de todo: malabaristas austríacos, miembros de una ONG francesa, franceses que
llevan vehículos para vender, viajeros alemanes... y Pluto, 100 kg. de canadiense que
viajan en una harley con sidecar. Salió con la motocicleta desde Inglaterra y piensa
llegar hasta Ciudad del Cabo en Sudáfrica. El viaje transcurre con la costa atlántica a nuestra izquierda y el inmenso Sahara a nuestra derecha. La puesta de sol coincide con la llegada a un campamento en el que acampamos. Los malabaristas amenizan la tarde. Día
9º. Guerguerate - Nouadibou. 100 kms. Temprano los vehículos se alinean en la carretera. Los militares nos devuelven el pasaporte y nos indican que podemos continuar. El asfalto se termina y da paso a una pista con peligrosas trampas de arena, pero claramente marcada. Unos pocos kilómetros y llegamos al puesto fronterizo mauritano. Control y nueva retirada de los pasaportes. Uno de los tres soldados de la guarnición se monta en el primer vehículo del convoy, de un colega valenciano, y continuamos en dirección a Nouadibou. Avanzamos con lentitud exasperaste ya que algunos vehículos quedan enganchados en la arena. Todos colaboramos en sacarlos ya que quizá luego deban ayudarnos a nosotros, y de todas formas el militar no nos deja continuar hasta que todos los coches han pasado por cada uno de los pasos dificultosos. Ya de noche llegamos al puesto fronterizo "de verdad", separado del anterior por unas pocas decenas de kilómetros. Nuevas comprobaciones, y ya de noche cerrada llegamos a Nouadibou. Tomamos una habitación en un hostal y después de una ducha salimos a cenar con Roger, nuestro "colega" valenciano y su amigo. Unas cocacolas en la discoteca local y a la cama. Día 10º. Nouadibou - Choum. 500 kms. en tren. ![]() Llevamos la furgo a un taller para que le pongan un par de tornillos que le faltan a la sujeción del cigüeñal. Judith y Antonio, entretanto dan un paseo por la ciudad, y acaban detenidos por la policía por hacer fotografías sin el permiso del ministerio de nosequé. Conseguimos que queden en libertad después de conversar largamente con el jefe de policía de la ciudad. Obtenemos el permiso de salida y nos dirigimos a la estación para subir la furgo al tren que deberá conducirnos hasta el pueblo de Choum, situado 500 km. hacia el interior del país. El resto de integrantes del convoy continua el viaje por la ruta de la playa, excepto Pluto y su Harley que nos acompaña en el tren. A mediodía subimos la furgoneta a la plataforma del tren, y después de asegurarnos de que queda bien atada, con alambre y cuerdas, esperamos la salida, que se demora hasta la puesta de sol. Pluto viaja con nosotros en el interior de la furgo, ya que al no haber vagón de pasajeros solo le quedaba la alternativa de viajar en una vagoneta de mineral o encima de la moto, y ... son 500 km. en el que probablemente es el tren más largo, o al menos más lento del mundo. El nuestro, sin estar completo, llevaba 176 vagones. A medida que avanza podemos ver junto a la vía restos de vagones que
quedaron tumbados en la arena en alguno de los accidentes que suelen suceder debido al mal
estado de las vías. Día 11º. Choum - Ksar Torchane. 60 kms. Hemos "traqueteado" en el tren durante la noche y la madrugada, entre adormilados y sonámbulos. Amanece cuando llegamos a Choum. Los empleados del tren desenganchan la plataforma en que viajamos y nos aparcan en una vía muerta mientras el tren continua su marcha hacia las lejanas minas de hierro. Hasta mediada la mañana no conseguimos que nos acerquen a una rampa para poder bajar la furgo. Nos dirigimos Atar, así que preguntamos por la ruta en el control policial situado a la salida de Choum. "Todo recto y en la montaña grande giren a la izquierda", nos dicen. A unos 100 km., según el mapa. Seguimos en dirección sur por una de las innumerables pistas paralelas, desviándonos únicamente para evitar la molesta y peligrosa para el vehículo "toile ondulé". Tardamos poco n clavarnos en la arena. La fina capa superficial de aparente dureza esconde una arena de granos finos como la harina. Las enganchadas en la arena se suceden una tras la otra. Si no somos nosotros es Pluto quien queda apresado. Lo sacamos por enésima vez y nos adelanta. Le indicamos a voces que no se detenga, que siga mientras pueda. Nosotros seguimos con lo nuestro; una y otra vez nos hundimos en la arena. Hemos perdido la pista principal y el sol está ya muy bajo. Finalmente,
ya de noche, encontramos una pista que parece ser la buena, el suelo es firme y
duro. Avanzamos hasta que la barra de la transmisión pierde el último tornillo y
se cae. Buen trabajo ha hecho el mecánico de Nouadibou, lo recomendaré a mis enemigos.
Con tornillos sacados de los asientos y del parachoques, y algo de alambre hacemos un
apaño y podemos continuar; aunque a los pocos kilómetros perdemos de nuevo la pista.
Seguimos en dirección sur guiándonos un poco por la brújula y mucho más por
intuición. Divisamos una luz a lo lejos. Resulta ser la hoguera de un pastor solitario
que nos indica que vamos en la dirección correcta, aunque no por el camino adecuado.
Siguiendo sus indicaciones reencontramos la pista y continuamos hasta caer en nuevas
trampas de arena. La situación se hace difícil. Cada vez que colocamos las planchas y
algunas ramas avanzamos apenas unos metros. Un par de horas en esta situación, y ya
extenuados, decidimos dejarlo para mañana. Son las 2 de la madrugada y hemos recorrido
unos 60 km. |
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