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... llegamos por la pista embarrada hasta Segou. Dejamos el coche y andamos un buen
trecho por una senda que conduce al interior del bosque, y que sigue el curso de un
riachuelo, acompañados siempre por los gritos de las aves y los monos.
Después del último giro se abre un claro que permite contemplar el salto de cuarenta
metros de la cascada. A través del tiempo, la fuerza del agua ha excavado una pequeña
laguna en la que el baño es un placer. |
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| ... la pista polvorienta de tierra roja nos conduce hasta Ibel, habitado por gentes d
la etnia Peul, dedicadas principalmente a la agricultura. Casas construidas de caña
trenzada, agrupadas por familias, donde no faltan uno, o varios catres hechos con troncos,
a la entrada de cada una de ellas, donde sentarse a contemplar el paso de la vida. |
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A punto ya de dormir, con los ojos entrecerrados, con el peso de la
intensidad del día y mecido por el rumor de la noche, pienso en que viajar llena el
espíritu de horizontes ignorados, de rostros y paisajes desconocidos, de sonidos de otras
voces. Mueren viejas ideas y germinan otras nuevas.
Viajar tal vez no prolongue la vida, pero la intensifica para que lo importante sea
vivirla a lo ancho, y no a lo largo. |
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