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agradables las mañanas de África, en esa hora en que el sol todavía prolonga las
sombras y no está demasiado alto para maldecirlo en silencio. |
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El camino pasa y se entrelaza entre grupos de casas, campos de algodón, de mijo y de
cacahuetes. De vez en cuando pequeños bosques de baobabs.
El paisaje es seco, de sabana africana, de suelo arenoso y escasa vegetación; tan solo
algunos arbustos y árboles espinosos. |
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Grandes y solitarios los baobabs presumen de su altura exhibiendo sus ramas desnudas,
Una vieja leyenda dice que existió un tiempo en que los baobabs eran los árboles más
perfectos y frondosos sobre la tierra. Era tan grande su belleza, que su alma se tronó
altiva y vanidosa.
Un día se reunieron los dioses más sabios para castigar tanta soberbia; hicieron un
hechizo, y desde entonces este árbol tiene las ramas clavadas en la tierra y las raices
hacia el cielo. |
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El
sonido rítmico del mortero golpea con insistencia, una y otra vez, y aún otra
más. No es fácil la vida de la mujer africana. |
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... esperamos un par de horas hasta que llega el transbordador.
Los trabajadores dirigen la maniobra para encajonar el mayor número de coches y pasajeros
en la plataforma. Pocos minutos después llegamos a la otra orilla, simétrica a la
opuesta en gentes y comercios. |
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En Goree las viejas casonas de los esclavistas dan un aire decadente al conjunto.
La ominosa penumbra del interior de la casa de los esclavos y el lóbrego museo, oprimen
el alma.
Cerrando los ojos, parece que se escuches aún, los gritos y lamentos de los hombres y
mujeres que debían partir hacia un destino sin futuro. |
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