|
|
| Debo
confesar que no me gusta lo que representa la ciudad de Touba, pero el tiempo me ha
enseñado que se puede amar cualquier ciudad si la paseas y haces amigos, y en Touba tengo
buenos amigos. |
|
|
 |
... cuatro mujeres, y como mi amgo Serigne acostumbra a decir, casi cinco hijos,
además de su madre y algún que otro hermanos sin trabajo.
Una gran familia, con un gran corazón, qeu vive en una casa de una sola planta, situada
en una calle ancha y arenosa, muy cerca del mercado y no muy alejada de la mezquita. En la
terraza malvive una cabra famélica qeu espera pacientemente el sacrificio en la próxima
fiesta del Magal. |
|
|
... por la noche, después de cenar, caundo la vida se adormece y la ciudad oscurece,
salimos a la calle, donde compartimos juegos con los niños.
Cantamos y reimos, mientras las mujeres, tendidas sobre una alfombra, sonrien i sueñan. |
 |
|
|
|
 |
... la mezquita ostentosa, aberrante, casi teatral en el
lujo; constuida con el sudor de los emigrantes obligados a donar una parte de sus
beneficios para engrandecer el templo y a quienes de él viven. |
|
|
Así es Touba, una ciutad en la que sus habitantes no pagan impuestos, ni
electricidad, ni el agua corriente. Una ciudad donde pocos sufren el hambre, pero donde
han renunciado a la alegria, a la cultura, y un poco a la vida.
La esclavitut fué abolida hace mucho tiempo, pero aún quedan viejas cadenas, tal vez
solo culturales y sociales, pero igual de resistentes. |
 |
|
|
|
|
|